La obra La Mujer de Lot bebe del relato bíblico recogido en el Génesis que narra cómo Yahvé salvó a la familia de Lot de morir en el fuego que arrojó sobre la ciudad de Sodoma. En su huida hacia Zoar, les ordenó no mirar atrás. Sin embargo, la mujer de Lot desobedeció el mandato divino y se convirtió en estatua de sal. En el Nuevo Testamento, también se recogen las palabras de Jesús que se refieren a este episodio: «Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que procure preservar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la conservará».
Partiendo de este pasaje y enmarcado en un contexto universitario dedicado a la investigación y la formación de nuevas generaciones, el episodio admite muchas interpretaciones. La instalación escultórica plantea una reflexión sobre la forma de mirar al pasado para no quedarse cristalizado en sus seguridades y proyectarse hacia el porvenir.
La Mujer de Lot implica, además, una dimensión social, la posibilidad de que el individuo forme un colectivo que mira en una dirección, tanto para avanzar como para retroceder.