La relación de la fotografía con la Guerra Civil es peculiar. Mientras que es aquí donde nace el fotoperiodismo moderno de la mano de grandes nombres de la historia de la fotografía como Agustí Centelles, Gerda Taro o Robert Capa, tras la guerra se impone un silencio específicamente fotográfico —que no ha existido ni en el cine ni en la literatura— y que llega hasta el año 1999. Son las generaciones de fotógrafos que el historiador Antonio Ansón ha llamado del silencio y del olvido.

Con el nuevo siglo, coincidiendo con las primeras exhumaciones bajo criterios científicos, se produce una eclosión de la fotografía memorialista. Los nietos de las víctimas directas de la guerra comienzan a realizar proyectos fotográficos personales y proyectos que visibilizan muchas de las iniciativas e investigaciones promovidas desde la sociedad civil documentando los procesos de exhumación, dando voz y poniendo rostro a las víctimas de la guerra y sus familiares o recorriendo los paisajes del horror.
En su mayoría utilizan la fotografía como documento y prueba de los crímenes ante el pacto del olvido y la falta de mecanismos institucionales que hayan llevado a cabo estos procesos de justicia y reparación para romper el silencio mantenido durante tantos años.
Ante esta eclosión, este archivo integra principalmente tres tipos de publicaciones: los catálogos de exposiciones fotográficas que fijan sobre papel muestras efímeras, investigaciones propias de los autores o de la sociedad civil publicadas directamente como libros fotográficos habitualmente de carácter documental, y propuestas ensayísticas que toman forma en fotolibros.
El archivo recoge las publicaciones que reeditan la fotografía histórica del periodo de guerra (1936-1939) pero su foco está puesto en los trabajos de creación contemporánea, ya que son los que permiten entender cómo resuena el pasado hoy. Y lo hace conjugando distintas perspectivas discursivas: periodísticas, documentales, poéticas, ensayísticas, históricas, investigadoras, narrativas, familiares o, incluso, infantiles.
El archivo cuenta con los trabajos de fotógrafos y fotógrafas de gran prestigio nacional como Clemente Bernad, Montserrat Soto, Martí Llorens, Sofía Moro, Ana Teresa Ortega, Gervasio Sánchez o Francesc Torres; pero también de fotógrafos y artistas menos conocidos para el gran público pero con una larga trayectoria como Julián Barón, Toni Amengual, Eva Máñez, Espe Pons, Paco Rangel, Javier Viver o Roberto Aguirrezabala; y también los proyectos de fotógrafos más jóvenes como Susana Cabañero, David García, Noelia Pérez Sández, Ignasi Prat o Jesús Monterde, que hacen de la memoria su opera prima —en el caso de Monterde, su segunda obra.
En la primera planta de museo hay un espacio dedicado a los tres fotolibros de Viver: los publicados ‘Révélations’ y ‘Aurelia Immortal’, pero también se puede ver la maqueta de su próximo lanzamiento ‘Cristos y Anticristos’ una intervención sobre un Evangelio de San Mateo de 1930, ilustrado con imágenes de la Guerra Civil española, que será presentado en las próximas semanas.
Por otro lado, desde el próximo jueves, se podrá visitar La intervención en la Capilla de los Arquitectos de la Real Congregación de Arquitectos en la Iglesia de San Sebastián, titulada ‘Un corazón que late’. Constará de siete murales, basados en las imágenes de ‘Aurelia Immortal’ –algunos de hasta 9 metros de altura– ubicados en los huecos frontales y laterales de la capilla y una escultura de la mujer de Lot, a escala real, bajo el eje central de la cúpula.

El Archivo de Memoria Fotográfica de la Guerra Civil es un archivo único en España porque es el primero que recupera, cataloga, analiza y da visibilidad pública a una serie de prácticas fotográficas que hasta ahora no había reunido ninguna institución. El archivo web, además, permite utilizar filtros de búsqueda por año, tipo de publicación, naturaleza de las fotos, discurso, género fotográfico, o temática para acceder a las fichas de cada publicación.
La investigación para recuperar todas las publicaciones se ha realizado en la biblioteca y centro de documentación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca de Catalunya, el Institut Valencià d’Art Modern, la biblioteca privada de Julián Barón y el contacto directo con los autores.
La mayoría de los libros son inaccesibles porque están agotados o descatalogados y muchos solo se pueden encontrar en los circuitos de segunda mano o directamente a través de los autores. Y aún así, como señala Martín Núñez, la directora del archivo, “es imposible que estén todos, es un archivo que nunca podrá darse por concluido”.
Sin embargo, con el futuro Centro de Fotografía Nacional de Soria aún en proceso de creación, reunir estos libros por primera vez permite trazar un mapa de las prácticas fotográficas de una memoria traumática para nuestra sociedad y observar su expresión.
Nietos y nietas que interrogan la memoria
Trazar un mapa completo de la fotografía de memoria ha permitido observar algunas pautas y también cambios. La investigación de Martín Núñez señala cómo después de veinte años de eclosión memorialista está emergiendo una segunda generación de nietos y nietas que no solo muestran una memoria silenciada, sino que la cuestionan y la interrogan para así tratar de comprenderla.
A partir de 2019 empiezan a publicarse fotolibros que dejan atrás el documentalismo clásico que había predominado y buscan otros lenguajes que señalan los agujeros de la memoria. Están más próximos a la experimentación, despliegan una cierta ambigüedad, emplean juegos de dislocaciones y disonancias, o de performatividad, enfatizan un punto de vista subjetivo o autobiográfico que se desarrolla habitualmente desde procesos colectivos y que necesitan de la participación activa del público para acabar de construirlos.
